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Por primera vez, me enganché en un meme propuesto desde La Propaladora, tengo entendido que inspirado en las recomendables crónicas de Matías Maciel desde Nueva York.
“La tarea consiste en buscar en Google a los dos o tres más famosos personajes que tengan el mismo apellido que el memero”.
Publico el resultado de la búsqueda porque me pareció interesante, considerando las particularidades del caso.
Teniendo un apellido como el que tengo, era muy probable que el resultado fuese algún pariente. Dicho y hecho. A través de la búsqueda de Google llegué a estos videos de Manuel Álvarez Ugarte, primo segundo que vive en Madrid y que toca la guitarra como los dioses.
No se si es "famoso", pero de todas formas esa es una categoría absolutamente carente de sentido. Sin dudas es el más talentoso que lleva mi apellido.
Acá está con Juan Falú, este año en Madrid.
Y acá sólo.
Que lo disfruten.
“La tarea consiste en buscar en Google a los dos o tres más famosos personajes que tengan el mismo apellido que el memero”.
Publico el resultado de la búsqueda porque me pareció interesante, considerando las particularidades del caso.
Teniendo un apellido como el que tengo, era muy probable que el resultado fuese algún pariente. Dicho y hecho. A través de la búsqueda de Google llegué a estos videos de Manuel Álvarez Ugarte, primo segundo que vive en Madrid y que toca la guitarra como los dioses.
No se si es "famoso", pero de todas formas esa es una categoría absolutamente carente de sentido. Sin dudas es el más talentoso que lleva mi apellido.
Acá está con Juan Falú, este año en Madrid.
Y acá sólo.
Que lo disfruten.
Etiquetas: Cronicas
Por estos días hace frío en Buenos Aires. Uno que te cala bien los huesos y que jode de mañana y de tarde, y al mediodía. Que me hace acordar a cuando era chico y me ponían unos gorros de lana muy guerrilleros que cubrían toda la cara a la salida de natación, con un pompón arriba que despojaba de revolución a todo el asunto.
Nosotros, los porteños burgueses que nos quejamos del subte, sufrimos este frío cuando salimos de los departamentos con calefacción y antes de entrar a los trabajos. Al caminar las cuadras que nos separan de la estación Carlos Pellegrini del trabajo.
Porque el subte de ida y el subte de vuelta está calentito: lo que se sufre en enero se tolera en mayo. Y ya hace varios días que viene haciendo frío. Cada vez más.
Pero hay otros, que llamaremos aquí los porteños descalzos. Son esos que no votan el próximo domingo, y tienen cajas con monedas adelante. Que se cubren con lo que pueden y esconden las cabezas entre los hombros, y acercan éstos a las rodillas.
Esos que se paran al lado de las boleterías, con el mentón sobre el mostrador. Los que se acuestan a la vera de los carteles luminosos de Telerman, Macri y Filmus, en los pasillos del subte calentito.
Hace dos semanas, una nena de cerca de diez años lloraba en la calle Florida, justo debajo de una vidriera de Galerías Pacífico, con camisas de Ralph Lauren a 500 mangos. Y lloraba descalza, y lista para una foto. Y yo ahí, con mi cámara y el pudor de no ser tan hijo de puta.
Pero deberían haberla visto.
Cada vez hace más frío y cada vez pienso más en ella. Ahora la busco, con un par de zapatillas en la mano, pero no la encuentro. Y me pregunto todos los días si seguirá descalza y si seguirá llorando.
Hoy esto me hizo acordar a ella.
Nosotros, los porteños burgueses que nos quejamos del subte, sufrimos este frío cuando salimos de los departamentos con calefacción y antes de entrar a los trabajos. Al caminar las cuadras que nos separan de la estación Carlos Pellegrini del trabajo.
Porque el subte de ida y el subte de vuelta está calentito: lo que se sufre en enero se tolera en mayo. Y ya hace varios días que viene haciendo frío. Cada vez más.
Pero hay otros, que llamaremos aquí los porteños descalzos. Son esos que no votan el próximo domingo, y tienen cajas con monedas adelante. Que se cubren con lo que pueden y esconden las cabezas entre los hombros, y acercan éstos a las rodillas.
Esos que se paran al lado de las boleterías, con el mentón sobre el mostrador. Los que se acuestan a la vera de los carteles luminosos de Telerman, Macri y Filmus, en los pasillos del subte calentito.
Hace dos semanas, una nena de cerca de diez años lloraba en la calle Florida, justo debajo de una vidriera de Galerías Pacífico, con camisas de Ralph Lauren a 500 mangos. Y lloraba descalza, y lista para una foto. Y yo ahí, con mi cámara y el pudor de no ser tan hijo de puta.
Pero deberían haberla visto.
Cada vez hace más frío y cada vez pienso más en ella. Ahora la busco, con un par de zapatillas en la mano, pero no la encuentro. Y me pregunto todos los días si seguirá descalza y si seguirá llorando.
Hoy esto me hizo acordar a ella.
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