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El título de esta entrada fue impunemente robado de Concurring Opinions, dónde Neil Richards reflexiona sobre la influencia de las normas sociales sobre el ámbito cultural en el que todos vivimos. Lo hace a partir del caso reportado por medios alemanes de un autor de libros para chicos que no pudo ingresar al mercado norteamericano como consecuencia del dibujo que aquì mostramos.El editor insistió en eliminar o mofificar la imagen, pero el autor se negó. Y es que el editor temía a las quejas de padres enfervorizados por la pequeña humanidad de la escultura. Richards explica que "las normas sociales que esta decisión parece reflejar dejarán afuera [del mercado americano] a ciertas visiones de la literatura infantil, lo que podría tener un efecto en cómo nuestros hijos ven el mundo, la naturaleza del arte y el cuerpo humano".
Y explica que los editores no dólo deben apuntar a ganar dinero: ellos deberían comportarse también como guardianes de la libertad de expresión. "Ocupan una institución social que tiene efectos muy concretos sobre nuestra cultura expresiva", aseguró.
Y la premisa de la que parte Richards es muy cierta. Las normas sociales, muchas veces menos discutidas pero mucho más efectivas que las restricciones legales, tienen un efecto muy concreto en la producción cultural de una sociedad determinada. Si interpretamos estas "normas sociales" en términos amplios e incluimos dentro de ellas a los deseos de los consumidores de cultura ('lo que la gente quiere ver') entonces veremos que el clima intelectual en el que vivimos podría ser muy diferente.
Entre las normas sociales que dan forma al mundo que miramos, leemos y escuchamos podríamos inlcuir:
- La búsqueda ganancias. Mueve a los "gate-keepers" culturales a apostar a éxitos seguros, a fórmulas mágicas que se creen probadas, de efectividad garantizada. Suelen ser productos que siguen éxitos anteriores, muchas veces chatos y carentes del vuelo propio que tienen los productos "arriesgados".
- Lo políticamente correcto. El caso del miembro minúsculo puede ser un buen ejemplo de ésto, pero hay muchos más. En pos de no herir suceptibilidades, los "gate-keepers" culturales dejan afuera a visiones poco ortodoxas de la realidad, ya sea que se trate de libros, películas o música. ¿Sería editada hoy en día una novela como Lolita? ¿O el editor temería la ira de padres enfurecidos?
- El cómodo encanto de lo viejo. Las vanguardias son dejadas de lado para seguir apostando a viejos recursos narrativos que resultan cómodos. "Una apuesta segura", podría decirse (otra vez en pos de la ganancia).
Esta es la producción masiva. Pero el sistema tiene a sus vanguardias: circuitos de teatro off, editoriales pequeñas y marginales pero osadas, cine a pulmón, música independiente.
Quien busca encuentra. Mientrás ayer (viernes por la noche) Tinelli bailaba en el caño de Canal 13; Alain Touraine hablaba en Encuentro de la fundación de la Argentina en el respeto por los derechos humanos.
Pero tal vez ahí reside el problema: esas visiones alternativas se presentan como marginales e integran en una muy baja medida el sistema cultural que consume una sociedad, y que nutre su debate público.
Suena utópico pedir que los grandes "gate-keepers" culturales no se duerman y se jueguen. Pero la historia del cine, al menos, demuestra que vale la pena apostar por productos poco ortodoxos y gente nueva. En última instancia, la vanguardias de hoy no son más que el establishment de mañana.
Como dijo Paul Gaugin: "El arte es plagio o revolución".
Etiquetas: Cultura
Cuando en España el fascismo franquista se había reconvertido por algún peculiar efecto de la historia en un régimen que el resto de las democracias occidentales respetaba, la península recibía noticias sobre la dictadura de una radio en Paris, que transmitía en español.
"Ici Paris. Vous pouvez entendre notre emission en langue espagnole..."
Asó empezaban las transmisiones, recuerda Juan Luis Corcobado Cartes en El País. Y cuenta que recientementa ha fallecido una de las voces que en ese momento representaban a la libertad ausente: Julián Antonio Ramírez. Y la recuerda con cariño.
Pensando en esos tiempos, siempre queda la sensación extraña de haber nacido en un tiempo equivocado. Antes se se podía elegir estar del lado correcto con más facilidad porque claro y todo podía tocarse casi que con las yemas de los dedos.
Es decir: la censura era censura y se transmitía clandestinamente. Y si te agarraban ibas a la cárcel. Hoy nadie prohíbe a nadie decir nada. Sin embargo, hay tantas voces silenciadas por artimanias más elaboradas e inteligentes.
Pero a no desesperar: a todos los tiranillos les llega la hora.
"Ici Paris. Vous pouvez entendre notre emission en langue espagnole..."
Asó empezaban las transmisiones, recuerda Juan Luis Corcobado Cartes en El País. Y cuenta que recientementa ha fallecido una de las voces que en ese momento representaban a la libertad ausente: Julián Antonio Ramírez. Y la recuerda con cariño.
Pensando en esos tiempos, siempre queda la sensación extraña de haber nacido en un tiempo equivocado. Antes se se podía elegir estar del lado correcto con más facilidad porque claro y todo podía tocarse casi que con las yemas de los dedos.
Es decir: la censura era censura y se transmitía clandestinamente. Y si te agarraban ibas a la cárcel. Hoy nadie prohíbe a nadie decir nada. Sin embargo, hay tantas voces silenciadas por artimanias más elaboradas e inteligentes.
Pero a no desesperar: a todos los tiranillos les llega la hora.
Etiquetas: Cultura, Libertades, Recuerdos
¿Y Si Me Gustan Las De Valdo Guasheneger?
0 comentarios Published by Ramiro on domingo, abril 15, 2007Este servidor, en esta noche de domingo, se propone sólo brindar referencias a cosas que hay que leer y que de algún modo están relacionadas. La primera de ellas, es el excelente artículo de Marcelo Pisarro en la Revista Ñ sobre el Bafici (no podrán leerla por interné: I'm sorry).
Recientemente, por diferentes circunstancias, estuve en el shopping Abasto, dónde los baficistas se reúnen (me contaron) para ver / discutir / criticar / admirar películas producidas en algún lugar del mundo que esté al este de Berlin. El festival de cine mantuvo a la clase privilegiada porteña en un estado de pasmoso alborotamiento que pronto se repetirá en la cada vez más superflua Feria del Libro de Buenos Aires.
El artículo de Pisarro ataca a los cultores del baficismo detectando sus más inmediatos y visibles flagelos / clichés que hacen las delicias de quienes no queremos /podemos hacer las largas colas para sacar entradas más o menos aleatorias de películas impredecibles (algunos, todavía trabajamos).
En fin, la crítica de Pisarro debería reflejar a una serie heterogénea de conciudadanos porteños sobre quienes ejerzo una serie de prejuicios que en algunas oportunidades se han comprobado a la hora de hacer los juicios definitivos.
La otra pieza de literatura que se debe leer este fin de semana es la Mariano, quien también apunta su ¿tinta? contra quienes viven en la burbuja autoreferencial de los porteños dueños de términos tan vacíos como instalaciones y palermo.
Recientemente, por diferentes circunstancias, estuve en el shopping Abasto, dónde los baficistas se reúnen (me contaron) para ver / discutir / criticar / admirar películas producidas en algún lugar del mundo que esté al este de Berlin. El festival de cine mantuvo a la clase privilegiada porteña en un estado de pasmoso alborotamiento que pronto se repetirá en la cada vez más superflua Feria del Libro de Buenos Aires.
El artículo de Pisarro ataca a los cultores del baficismo detectando sus más inmediatos y visibles flagelos / clichés que hacen las delicias de quienes no queremos /podemos hacer las largas colas para sacar entradas más o menos aleatorias de películas impredecibles (algunos, todavía trabajamos).
En fin, la crítica de Pisarro debería reflejar a una serie heterogénea de conciudadanos porteños sobre quienes ejerzo una serie de prejuicios que en algunas oportunidades se han comprobado a la hora de hacer los juicios definitivos.
La otra pieza de literatura que se debe leer este fin de semana es la Mariano, quien también apunta su ¿tinta? contra quienes viven en la burbuja autoreferencial de los porteños dueños de términos tan vacíos como instalaciones y palermo.
Etiquetas: Cultura
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