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1. Salgo de jugar al fútbol, tipo doce, y TN dice empate en 36, define Cobos. Llego a casa. Prendo la compu. Trabajo / cumplo obligaciones por dos horitas. Son las dos de la madrugada. Prendo la tele, con cuidado de no despertar a los cuatro seres racionales que por esas horas dormían. Veo que dice 36 a 35, un indeciso. Después, cuando parece que es empate, TN titula que 'definiría' Cobos. Cualquier cosa podía pasar.
2. Sentía que estaba viendo un partido de Argentina por un Mundial lejano, que en nuestra time zone se juega de madrugada. Ayudaban a crear el ambiente las pantallas gigantes instaladas en espacios públicos y la gente con la mirada dirigida levemente hacia arriba del horizonte. Cánticos. La política es fútbol, y el fútbol es política.
3. El senador jujeño Morales, corto y conciso. Votemos carajo.
4. Sanz llama al vicepresidente. Lo conmina a presentarse. Le juega la carta de la tierra y le pide que recuerde a Mendoza, a San Rafael y las avenidas y peatonales mendocinas, esas que están siempre surcadas por las alcantarillas que convierten en vino el agua del deshielo. Tiene treinta minutos y los filibustera al máximo. No tiene nada que decir, pero los exprime. Vení Cobos, no arrugués. Es tu hora, querido.
4. Pichetto, cuan novia despechada que se queja por la ruptura de esponsales. Según su curiosa concepción del sistema político occidental, los oficialismos deben apoyar al Gobierno, siempre.
Es cierto que es lo que normalmente pasa. Pero si el Gobierno decide legalizar la tortura, ¿deben los representantes del pueblo pertenecientes al partido gobernante votar a favor? Si la respuesta a esta pregunta ridícula es positiva, ¿para qué está el Congreso? Se queja el otrora senador menemista de las fotos que se sacaban ellos con la presidenta para ganar elecciones, y ahora le dan la espalda.
Pichetto canta un tango sentimental con letra de Cadícamo.
Corazón aguantá las amarguras
no llorés que son locuras, lo pasao pasó,
de a traición esos cobardes te hirieron
sin ver que todo lo hicieron por matarte corazón.
Ningún tango termina bien.
5. Se vota. El cartel electrónico muestra 36 votos a 36. Define Cobos.
5. Cobos habla. Pausado más por miedo que por prudencia. Asume que la historia o el destino lo puso en un lugar clave, y recuerda su juventud y momentos de cuando le faltaban tres materias para terminar la facultad (?). Cobos medita y habla por treinta minutos (votálaconchadetumá). Dice que el pueblo argentino quiere del Congreso una solución, que se necesita consenso. Un consenso que obviamente está ausente.
Pide un cuarto intermedio, para seguir debatiendo. Es un salvavidas en el medio de la tempestad... Pichetto, en expresión cabal del gurkismo gobernante, mete en una misma cita a Alem y a Judas y dice 'que se rompa pero que no se doble' y pide votar y hundirse en las profundidades y que todo se vaya a la reverendísima mierda. Sanz hace lo propio, por la seguridad personal de los senadores, alega.
Cobos vota.
No puedo acompañar este proyecto. Mi voto es no positivo.
Se levanta casi levitando. Una mujer lo palmea en la espalda, lo abraza y le muestra la salida.
6. Estoy convencido que ayer, el gobierno ganó perdiendo. Y que si ganaba, perdía. Y no soy el único. Seguir empecinado en un curso de acción claramente desastroso no tenía sentido. Ahora, a evaluar una política agropecuaria en serio. Yo voy a mirar con atención a lo que tenga que decir Claudio Lozano.
7. El sistema funciona. Los pesos y contrapesos existen: el Congreso no es una escribanía, al menos cuando los constituents presionan. Y en el Senado, los constituents son las provincias, y esos pueblos del interior que se alzaron contra un impuesto sin representación. El gobierno más poderoso de los últimos años licuó su capital político en seis meses por no escuchar ni siquiera a su propia tropa. Don't tread on me.
8. ¿Y ahora cómo sigue? Quien sabe. Si el Gobierno se encierra más sobre sí mismo, está perdido él y estamos perdidos todos. Si el Gobierno reacciona con inteligencia, resuelve el tema con una política agropecuaria en serio. Pero los úlitmos meses no son indicios de racionalidad. Cris debe liberarse de mucho lastre. Inlcuso del que le ronca en la cama.
9. ¿Por qué para muchos k esto es el acabose, el apocalípsis? Tal vez por falta de costumbre: en ningún país en serio perder una elección significa la muerte política de un Gobierno, el advenimiento del golpismo y un hiperbólico genocidio próximo. El Gobierno no parece estar acostumbrado a que le digan que no, a que le pongan límites. Ni siquiera parece saber lo que es debatir a puertas cerradas. Lo que es normal en una democracia, es anormal y extraordinario en un país en el que una práctica democrática robusta ha brillado demasiado tiempo por su ausencia.
Para muestra de exegaración, un botón.
No se trataba de “un proyecto del ejecutivo, nada más”. Ayer Cobos fue Shyllock, con una pequeña variante sobre la obra original: finalmente, se cobró su libra de carne. La libra de carne era el corazón de Cristina.
El kirchnerismo lee a Shakespeare.
10. Algunos propios intelectuales k (je) especulan (ya no hago más que especular, canta Baba) que Cristina podría renunciar. Ver acá y acá ¿Están locos o la irracionalidad se contagia de arriba para abajo?
2. Sentía que estaba viendo un partido de Argentina por un Mundial lejano, que en nuestra time zone se juega de madrugada. Ayudaban a crear el ambiente las pantallas gigantes instaladas en espacios públicos y la gente con la mirada dirigida levemente hacia arriba del horizonte. Cánticos. La política es fútbol, y el fútbol es política.
3. El senador jujeño Morales, corto y conciso. Votemos carajo.
4. Sanz llama al vicepresidente. Lo conmina a presentarse. Le juega la carta de la tierra y le pide que recuerde a Mendoza, a San Rafael y las avenidas y peatonales mendocinas, esas que están siempre surcadas por las alcantarillas que convierten en vino el agua del deshielo. Tiene treinta minutos y los filibustera al máximo. No tiene nada que decir, pero los exprime. Vení Cobos, no arrugués. Es tu hora, querido.
4. Pichetto, cuan novia despechada que se queja por la ruptura de esponsales. Según su curiosa concepción del sistema político occidental, los oficialismos deben apoyar al Gobierno, siempre.
Es cierto que es lo que normalmente pasa. Pero si el Gobierno decide legalizar la tortura, ¿deben los representantes del pueblo pertenecientes al partido gobernante votar a favor? Si la respuesta a esta pregunta ridícula es positiva, ¿para qué está el Congreso? Se queja el otrora senador menemista de las fotos que se sacaban ellos con la presidenta para ganar elecciones, y ahora le dan la espalda.
Pichetto canta un tango sentimental con letra de Cadícamo.
Corazón aguantá las amarguras
no llorés que son locuras, lo pasao pasó,
de a traición esos cobardes te hirieron
sin ver que todo lo hicieron por matarte corazón.
Ningún tango termina bien.
5. Se vota. El cartel electrónico muestra 36 votos a 36. Define Cobos.
5. Cobos habla. Pausado más por miedo que por prudencia. Asume que la historia o el destino lo puso en un lugar clave, y recuerda su juventud y momentos de cuando le faltaban tres materias para terminar la facultad (?). Cobos medita y habla por treinta minutos (votálaconchadetumá). Dice que el pueblo argentino quiere del Congreso una solución, que se necesita consenso. Un consenso que obviamente está ausente.
Pide un cuarto intermedio, para seguir debatiendo. Es un salvavidas en el medio de la tempestad... Pichetto, en expresión cabal del gurkismo gobernante, mete en una misma cita a Alem y a Judas y dice 'que se rompa pero que no se doble' y pide votar y hundirse en las profundidades y que todo se vaya a la reverendísima mierda. Sanz hace lo propio, por la seguridad personal de los senadores, alega.
Cobos vota.
No puedo acompañar este proyecto. Mi voto es no positivo.
Se levanta casi levitando. Una mujer lo palmea en la espalda, lo abraza y le muestra la salida.
6. Estoy convencido que ayer, el gobierno ganó perdiendo. Y que si ganaba, perdía. Y no soy el único. Seguir empecinado en un curso de acción claramente desastroso no tenía sentido. Ahora, a evaluar una política agropecuaria en serio. Yo voy a mirar con atención a lo que tenga que decir Claudio Lozano.
7. El sistema funciona. Los pesos y contrapesos existen: el Congreso no es una escribanía, al menos cuando los constituents presionan. Y en el Senado, los constituents son las provincias, y esos pueblos del interior que se alzaron contra un impuesto sin representación. El gobierno más poderoso de los últimos años licuó su capital político en seis meses por no escuchar ni siquiera a su propia tropa. Don't tread on me.
8. ¿Y ahora cómo sigue? Quien sabe. Si el Gobierno se encierra más sobre sí mismo, está perdido él y estamos perdidos todos. Si el Gobierno reacciona con inteligencia, resuelve el tema con una política agropecuaria en serio. Pero los úlitmos meses no son indicios de racionalidad. Cris debe liberarse de mucho lastre. Inlcuso del que le ronca en la cama.
9. ¿Por qué para muchos k esto es el acabose, el apocalípsis? Tal vez por falta de costumbre: en ningún país en serio perder una elección significa la muerte política de un Gobierno, el advenimiento del golpismo y un hiperbólico genocidio próximo. El Gobierno no parece estar acostumbrado a que le digan que no, a que le pongan límites. Ni siquiera parece saber lo que es debatir a puertas cerradas. Lo que es normal en una democracia, es anormal y extraordinario en un país en el que una práctica democrática robusta ha brillado demasiado tiempo por su ausencia.
Para muestra de exegaración, un botón.
No se trataba de “un proyecto del ejecutivo, nada más”. Ayer Cobos fue Shyllock, con una pequeña variante sobre la obra original: finalmente, se cobró su libra de carne. La libra de carne era el corazón de Cristina.
El kirchnerismo lee a Shakespeare.
10. Algunos propios intelectuales k (je) especulan (ya no hago más que especular, canta Baba) que Cristina podría renunciar. Ver acá y acá ¿Están locos o la irracionalidad se contagia de arriba para abajo?
Etiquetas: Congreso, Política, Teoría Constitucional
Sin saber mucho de que paso, sin siquiera haber visto nada en la tele y casi como un juego hipotético. Si hay acampe en Plaza Congreso, también puede haber acampe en Plaza de Mayo, ¿no? ¿O, como decía el genial Orwell, todos somos iguales pero hay algunos más iguales que otros?
Etiquetas: Libertad de Expresión, Política
Uno de los debates políticos más necesarios en nuestro país se tiene que dar de un solo lado de la vereda: la división clara y evidente del llamado campo progresista. Resulta evidente que gente que se identifica a sí misma como progresista entiende que el Gobierno de eso sólo tiene un maquillaje bastante superficial. Otros, por el contrario, entienden que todos los que no están con el Gobierno son la derecha rancia y dura, por más que éstos rechacen el mote.
Un ámbito de discusión con no demasiada cantidada de voces del primer grupo es el blog Artepolítica. Allí, María Esperanza Casullo publicó una entrada que indaga sobre el lugar dónde los senderos progresistas se bifurcan. El kirchnerismo como divisoria de aguas.
"La cuestión más urgente que el progresismo argentino tiene frente a sí en estos momento", dice MEC. Según MEC, "los senderos se bifurcan como se bifurca un arroyito si encuentra una piedra. En este caso, la piedra es el kirchnerismo".
Ejemplos de quienes entienden que los que no están con el kirchnerismo son golpistas y admiradores de Videla podrán encontrarse en los comentarios del artículo de Artepolítica (hay mejores y peores argumentos, plumas, chicanas, etcétera). Un buen ejemplo de los que se inclinan para el otro lado apareció el otro día en Página/12, con una nota de Rubén Lo Vuolo (supo ser candidato a Ministro de Economía de Carrió) y Roberto Gargarella.
Dice el tándem Lo Vuolo / Gargarella:
Es posible plantear diferencias entre las dos posiciones. Y la diferencia radica en qué carazzo definimos como un programa de izquierda.
Según María Esperanza, un programa de ese estilo debe:
Para Lo Vuolo / Gargarella, esta agenda debe incluir:
Estos dos últimos autores incluyen una larga serie de por el contrarios que dejan en evidencia que, en los puntos que destacan, el Gobierno hace o bien exactamente lo contrario o tiene deudas enormes que deberían ser saldadas. De los seis puntos de María Esperanza, el Gobierno hace agua groseramente en al menos cuatro.
Parece difícil, sin embargo, obtener cambios de posicionamientos en un corto plazo. La cuestión es bastante radical: Nosotros tenemos razón y no entendemos cómo ustedes pueden estar tan equivocados. Ana C dice la frase desde el lado antik que reivindica la izquierda. Otros hacen exactamente lo contrario. Por ahora, habrá que amontonarse en el ala izquierda del salón, procurando no pegarle codazos a nadie.
Un ámbito de discusión con no demasiada cantidada de voces del primer grupo es el blog Artepolítica. Allí, María Esperanza Casullo publicó una entrada que indaga sobre el lugar dónde los senderos progresistas se bifurcan. El kirchnerismo como divisoria de aguas.
"La cuestión más urgente que el progresismo argentino tiene frente a sí en estos momento", dice MEC. Según MEC, "los senderos se bifurcan como se bifurca un arroyito si encuentra una piedra. En este caso, la piedra es el kirchnerismo".
Ejemplos de quienes entienden que los que no están con el kirchnerismo son golpistas y admiradores de Videla podrán encontrarse en los comentarios del artículo de Artepolítica (hay mejores y peores argumentos, plumas, chicanas, etcétera). Un buen ejemplo de los que se inclinan para el otro lado apareció el otro día en Página/12, con una nota de Rubén Lo Vuolo (supo ser candidato a Ministro de Economía de Carrió) y Roberto Gargarella.
Dice el tándem Lo Vuolo / Gargarella:
"Según entendemos, un programa de izquierda debería apostar ineludiblemente por una mayor democratización política y un mayor igualitarismo económico. La mayor democracia política debe significar reformas destinadas a asegurar la redistribución de la autoridad política; la atomización del poder; incentivos para la intervención cívica en política –en definitiva, la recuperación por parte de la ciudadanía de su poder de decisión y control sobre los asuntos públicos–. El modelo político implementado en los últimos años representa, en cambio, el máximo ejercicio, en democracia, de la verticalización de la autoridad. (...) Una agenda de izquierda requeriría mayor control popular sobre el uso de los fondos públicos. Sin embargo, lejos de promover –por caso– un presupuesto participativo, las reformas institucionales implementadas en los últimos años han seguido el camino directamente opuesto".
Es posible plantear diferencias entre las dos posiciones. Y la diferencia radica en qué carazzo definimos como un programa de izquierda.
Según María Esperanza, un programa de ese estilo debe:
- Respetar la defensa irrestricta de la agenda de derechos humanos.
- El sostenimiento de un estado de derecho.
- Apoyo de la intervención del estado en la economía.
- Avance hacia una mayor equidad económica y social.
- Puesta en funcionamiento de mecanismos amplios y efectivos de ciudadanía social.
- Avance en la democratización de los medios de toma de decisión política.
Para Lo Vuolo / Gargarella, esta agenda debe incluir:
- Mayor control popular sobre los fondos públicos.
- Difusión de información plena y transparente de parte del Gobierno.
- La democratización de la palabra y la comunicación públicas.
- Fortalecimiento del control popular sobre el gobierno.
- Injerencia directa de la ciudadanía en los órganos de la Justicia.
- Estructura tributaria progresiva.
- Universalizar el acceso a políticas sociales de transferencia de ingresos.
Estos dos últimos autores incluyen una larga serie de por el contrarios que dejan en evidencia que, en los puntos que destacan, el Gobierno hace o bien exactamente lo contrario o tiene deudas enormes que deberían ser saldadas. De los seis puntos de María Esperanza, el Gobierno hace agua groseramente en al menos cuatro.
Parece difícil, sin embargo, obtener cambios de posicionamientos en un corto plazo. La cuestión es bastante radical: Nosotros tenemos razón y no entendemos cómo ustedes pueden estar tan equivocados. Ana C dice la frase desde el lado antik que reivindica la izquierda. Otros hacen exactamente lo contrario. Por ahora, habrá que amontonarse en el ala izquierda del salón, procurando no pegarle codazos a nadie.
Etiquetas: Política
A las siete carpas que se instalaron en la plaza del Congreso, hoy se suma otra más, un toro inflable y huevos que caminan. Si no fuera una forma de protesta de los sectores en pugna en el conflicto agrario que dirime el Congreso, la suma de los elementos harían pensar por un momento en que un circo se ha instalado frente al Parlamento. (...) Al mismo tiempo, los ruralistas trajeron su mascota. Se trata de “Alfredito", un gigantesco toro inflable, de color azul marino con cuernos blancos y cara de pocos amigos, bautizado así quizás por el presidente de la Federación Agraria Argentina de Gualeguaychú Alfredo De Angelis. Pero en las carpas vecinas no quieren quedarse atrás. Así, fuentes del grupo oficialista "Compromiso K" adelantaron que la mascota de los productores agrarios no estará sola por mucho tiempo porque están planeando instalar un pingüino gigante en su zona de acampada.
Creo que la iniciativa es es-pec-ta-cu-lar. Desde que cerró el Ital-Park, esa gloria de la tecnología que tanto supo cautivarnos de chicos con el Super 8 Volante y el Tren Fantasma, a Buenos Aires le andaba faltaba algo, un noseque difícil de definir.
Pero para la suerte de grandes y chicos, el conflicto con el campo derivó en este maravilloso y emocionante parque temático a sólo metros del Congreso de la Nación, en una de las plazas más lindas de Buenos Aires. Personajes autóctonos incentivan la nacionalidad y vegetales que caminan enseñan de biología y ciencias políticas a transeúntes y visitantes ocasionales.
Ojalá que dure hasta las vacaciones de invierno y los chicos puedan disfrutar de estas amenidades. Y ojalá alguien se digne a instalar el pulpo verde que tanto nos mareaba y entretenía.
Etiquetas: Política
Cuando encontrás a alguien que dice lo que pensas, lo hace con elocuencia, y tiene credenciales suficientes para no ser falsamente taggeado con un argumento ad hominem falso, reconforta el espíritu. Martín Caparrós, en Crítica, en respuesta a un manifestante kirchnerista que fue a la plaza el miércoles pasado.
Compañero Bimbi, todos los respetos. Lamento solamente que me los pidas a mí y no a los presidentes que dicen una cosa y hacen otras. ¿No es ésa la peor falta de respeto que se pueda recibir? Pero, ya que estamos, ¿por qué no discutimos cómo gobiernan, para quién gobiernan, qué medidas toman y qué medidas no toman, cómo los bancos, mineras, petroleras, grandes cerealeras y todo tipo de especuladores financieros prosperaron a más no poder bajo su gobierno, mientras la mayoría de las personas sigue sin recibir del Estado la salud, la educación, la justicia, los cuidados que el Estado nos debe? ¿Por qué no nos paramos un momento a mirar la idea de la política que tiene un gobierno que nunca ha convocado a la participación de nadie, que se basa en impulsos y decisiones personales, que no permite el debate ni de su propia tropa, que nunca ha escuchado, que no cree que gobernar un país sea una obra colectiva sino el coto de unos pocos fulanos? Y, para empezar, ¿por qué no tratamos de pensar la política, estimado Bimbi, en términos un poco más interesantes e inteligentes que “cuando veo a la Sociedad Rural y los gorilas en una vereda, prefiero estar en la otra”? Porque, en principio, es una ingenuidad pensar que “hay dos veredas”. En esa idea pueril consiste, sin duda, una de las trampas más burdas de este gobierno. Es, con todo respeto, otro clásico del terror peronista –y de todos los mesianismos: “El que conmigo no recoge, contra mí derrama”, decía Jesús según San Lucas. Hay, por suerte, muchas más opciones, y yo creo que vale la pena tratar de pensarlas.
Etiquetas: Política
La decisión del Ejecutivo de enviar al Congreso el tema de las retenciones presenta una buena oportunidad para probar los presupuestos de legitimidad la democracia deliberativa. Para ello habrá que estar muy atentos a lo que pase en las próximas semanas.
Como dice el título, se pedía diálogo, pero vino Congreso. No es lo mismo, pero ciertamente la perspectiva de que el Congreso trate la cuestión genera cierta ilusión de que en Callao y Rivadavia se de el diálogo que tanto se pedía. Lamentablemente, la pretensión del Ejecutivo de 'no cambiar una coma' del proyecto indicaría que el recorrido de kilómetro y medio que la polémica medida hizo por Avenida de Mayo de poco servirá para resolver el conflicto.
Sin embargo, y tal vez por el hecho de que toda esperanza es un poco estúpida, habrá que esperar para ver que sucede. El escenario que se plantea es de lo más interesante: teóricos del derecho, las ciencias políticas y hasta la teoría de los juegos deberían prestar atención a lo que acontece en los próximos días.
Deliberaciones. La teoría de la demoracia deliberativa sostiene que es más probable alcanzar decisiones correctas y moralmente válidas si se da un proceso de discurso moral colectivo del que participen los ciudadanos. Y que el derecho, para ser válido, requiere que aquellos que puedan ser afectados por una norma participen de su elaboración.
Este punto de vista 'ideal' considera a la demoracia representativa como un mal menor, ya que sólo satisface de un modo imperfecto el requisito de la participación colectiva de los potenciales afectados. Pero hay mecanismos institucionales que pueden incentivar esa participación, como por ejemplo las audiencias públicas, los debates abiertos, las voces sin voto en los cuerpos deliberativos, etcétera.
Pero -y siempre desde el punto de vista de esta teoría- también es necesario que la deliberación ocurra siguiendo ciertos requerimientos sustantivos. Así, es necesario que se den argumentos en función de una u otra posición, que se discuta en forma abierta, considerando, debatiendo y rebatiendo todos los argumentos relevantes. Y que estos argumentos sean realmente argumentos y no recursos más o menos falaces (recuerdo, de memoria, algunas que enumera Nino: los argumentos ad hominem, la mera enumeración de hechos, etcétera).
Como puede verse de este esquema probablemente poco preciso sobre la teoría de la demoracia deliberativa, el proceso de deliberación colectiva lleva tiempo. Esto es a la vez una ventaja y una desventaja del sistema: permite que las cuestiones se estudien en profundidad, pero al mismo tiempo impide resolver en forma rápida ciertos asuntos que tal vez andan más necesitados de una solución que de una solución correcta. Teniendo en cuenta esto, sería conveniente que la medida sea suspendida y las medidas de fuerza levantadas a fin de que el debate se de con amenazas externas de la menor envergadura posible.
De modo que, próximamente en su Congreso preferido, usted querido lector podrá ver los elementos deliberativos en funcionamiento. Hay varias opciones, que reduciremos a dos: a) el Congreso aprueba a libro cerrado, no hay deliberación de ningún tipo y el problema sigue, como dice Pagni o b) la deliberación es seria, se alcanzan acuerdos de base que luego se expresan en una legislación comprensiva de todos los temas del 'campo'.
Entre 'a' y 'b' hay muchas opciones. Es cuestión de esperar para ver que pasa. En El Agente de Cipol se plantean diversos escenarios legislativos hipotéticos en dónde las chances de que se mantenga el esquema vigente son de tres a uno.
Lo importante es destacar que para muchos, la aprobación a libro cerrado no otorgaría per se legitimidad a la medida. Al menos no para aquellos que sostienen una visión deliberativa de la democracia. Lo decimos a modo de aviso, para que luego no vayan a decir: 'Querían Congreso, les dimos Congreso' (como si esto no fuera un mandato constitucional).
Gargarella habla del test de las razones y el debate público.
Congreso sí, pero deliberación, también.
Como bien señalan en El Cielo por Asalto, el 'mero trámite' no será suficiente, aunque Aureliano no considera las razones que expusimos anteriormente. Dice Aureliano:
Esta visión de legitimidad democrática no es deliberativista. De todas formas, coincidimos con Aureliano en que "el giro del asunto al Congreso podrá ser una solución en la medida que se utilice esta arena como un espacio para hacer concesiones amplias...". Agregamos que usualmente a esos acuerdos se llega luego de charlar un rato (largo) el asunto.
[Si pudieramos, haríamos de la experiencia legislativa en este caso un estudio de campo que sirva para evaluar estos presupuestos teóricos].
Y hay otras cosas para ver.
1. Por un lado, la votación que se haga en el Congreso debería ser, como todas las votaciones, nominal. Esto significa que el voto de cada legislador debería quedar registrado para que sus votantes (a quienes representan) puedan evaluar su desempeño cuando éstos se presenten a reelecciones futuras.
2. Por otro lado, el ejemplo permitirá evaluar la disciplina partidaria, tema más propio de los politólogos que de los constitucionalistas, quienes de todas formas no tienen por que renunciar a analizar el tema desde un punto de vista normativo. En ese sentido, Artemio López se pregunta ciertas cuestiones relativas a las bondades y/o maldades de la disciplina partidaria y el Criador, muy presidencialista él, las responde (por acá diríamos que la disciplina partidaria tiene aspectos buenos y malos; pero como esta planteado el tema, el aspecto negativo es fuerte: la disciplina del oficialismo eliminaría la posibildad de debatir en forma abierta el asunto).
[La foto es de un paper de Mark Jones al que llegué gracias a Aureliano que habla sobre la disciplina partidaria en la Argentina. Lo tengo para leer ni bien el tiempo lo permita]
3. Estos dos temas se relacionan con la cuestión de la representatividad política de los respresentantes del pueblo. En un sistema de circunscripciones uninominales como el que existe en los Estados Unidos, una medida como la que se busca tomar, que pone en cuestión aspectos fundamentales del federalismo, no pasaría nunca.
Si ese fuese el sistema argentino (no decimos que deba serlo), los representantes de las provincias agropecuarias seguramente estarían con el campo, al menos si pretenden seguir teniendo carreras políticas vigorosas). En un sistema de representación proporcional como el nuestro, los legisladores deberían enfrentar las quejas de sus representados.
Pero más miedo que chacareros memoriosos generan quienes tienen el poder de sacarlos de las listas partidarias en la próxima elección: el mazo de los capos del partido es más amenazante que las eventuales, hipotéticas y lejanas represalias de los votantes. Además, como no hay un sistema de tachas en las listas, el señalamiento individual de un legislador que busca su reelección y la correlativa accountability tienen relativa importancia.
[Nuestro hipotético estudio de campo buscaría fondos para seguir el tema en la elección de legisladores de 2009, en base a cómo voto cada legislador].
Como deciámos antes, ojalá que el escenario que se plantee sea el de una deliberación profunda que permita llegar a cierto consenso en torno a la política agropecuaria. Puede ser una confianza medio tonta, pero creemos que el diálogo sirve para esos fines loables.
'Hablando se entiende la gente', que le dicen.
Como dice el título, se pedía diálogo, pero vino Congreso. No es lo mismo, pero ciertamente la perspectiva de que el Congreso trate la cuestión genera cierta ilusión de que en Callao y Rivadavia se de el diálogo que tanto se pedía. Lamentablemente, la pretensión del Ejecutivo de 'no cambiar una coma' del proyecto indicaría que el recorrido de kilómetro y medio que la polémica medida hizo por Avenida de Mayo de poco servirá para resolver el conflicto.
Sin embargo, y tal vez por el hecho de que toda esperanza es un poco estúpida, habrá que esperar para ver que sucede. El escenario que se plantea es de lo más interesante: teóricos del derecho, las ciencias políticas y hasta la teoría de los juegos deberían prestar atención a lo que acontece en los próximos días.
Deliberaciones. La teoría de la demoracia deliberativa sostiene que es más probable alcanzar decisiones correctas y moralmente válidas si se da un proceso de discurso moral colectivo del que participen los ciudadanos. Y que el derecho, para ser válido, requiere que aquellos que puedan ser afectados por una norma participen de su elaboración.
Este punto de vista 'ideal' considera a la demoracia representativa como un mal menor, ya que sólo satisface de un modo imperfecto el requisito de la participación colectiva de los potenciales afectados. Pero hay mecanismos institucionales que pueden incentivar esa participación, como por ejemplo las audiencias públicas, los debates abiertos, las voces sin voto en los cuerpos deliberativos, etcétera.
Pero -y siempre desde el punto de vista de esta teoría- también es necesario que la deliberación ocurra siguiendo ciertos requerimientos sustantivos. Así, es necesario que se den argumentos en función de una u otra posición, que se discuta en forma abierta, considerando, debatiendo y rebatiendo todos los argumentos relevantes. Y que estos argumentos sean realmente argumentos y no recursos más o menos falaces (recuerdo, de memoria, algunas que enumera Nino: los argumentos ad hominem, la mera enumeración de hechos, etcétera).
Como puede verse de este esquema probablemente poco preciso sobre la teoría de la demoracia deliberativa, el proceso de deliberación colectiva lleva tiempo. Esto es a la vez una ventaja y una desventaja del sistema: permite que las cuestiones se estudien en profundidad, pero al mismo tiempo impide resolver en forma rápida ciertos asuntos que tal vez andan más necesitados de una solución que de una solución correcta. Teniendo en cuenta esto, sería conveniente que la medida sea suspendida y las medidas de fuerza levantadas a fin de que el debate se de con amenazas externas de la menor envergadura posible.
De modo que, próximamente en su Congreso preferido, usted querido lector podrá ver los elementos deliberativos en funcionamiento. Hay varias opciones, que reduciremos a dos: a) el Congreso aprueba a libro cerrado, no hay deliberación de ningún tipo y el problema sigue, como dice Pagni o b) la deliberación es seria, se alcanzan acuerdos de base que luego se expresan en una legislación comprensiva de todos los temas del 'campo'.
Entre 'a' y 'b' hay muchas opciones. Es cuestión de esperar para ver que pasa. En El Agente de Cipol se plantean diversos escenarios legislativos hipotéticos en dónde las chances de que se mantenga el esquema vigente son de tres a uno.
Lo importante es destacar que para muchos, la aprobación a libro cerrado no otorgaría per se legitimidad a la medida. Al menos no para aquellos que sostienen una visión deliberativa de la democracia. Lo decimos a modo de aviso, para que luego no vayan a decir: 'Querían Congreso, les dimos Congreso' (como si esto no fuera un mandato constitucional).
Gargarella habla del test de las razones y el debate público.
Si el paso por la Cámara se convierte en un mero trámite, en donde no se escuchan y rebaten los argumentos de la oposición, y no se dan razones públicamente aceptables acerca de lo que se hace, volveremos volveremos, a pedir la inconstitucionalidad. Pero confiamos en que habrá debate y no una ficción de debate.
Congreso sí, pero deliberación, también.
Como bien señalan en El Cielo por Asalto, el 'mero trámite' no será suficiente, aunque Aureliano no considera las razones que expusimos anteriormente. Dice Aureliano:
Cuando tal votación ocurra, los Morales Solá's de innumerables medios acusarán al Congreso de ser la escribanía oficial y recurrirán a diferentes argumentos para desacreditar la decisión legislativa. Y eso será así porque básicamente a ninguno de ellos les interesa la legitimidad democrática de las autoridad sino alcanzar concesiones sobre el patrón de apropiación de la renta.
Esta visión de legitimidad democrática no es deliberativista. De todas formas, coincidimos con Aureliano en que "el giro del asunto al Congreso podrá ser una solución en la medida que se utilice esta arena como un espacio para hacer concesiones amplias...". Agregamos que usualmente a esos acuerdos se llega luego de charlar un rato (largo) el asunto.
[Si pudieramos, haríamos de la experiencia legislativa en este caso un estudio de campo que sirva para evaluar estos presupuestos teóricos].
Y hay otras cosas para ver.
1. Por un lado, la votación que se haga en el Congreso debería ser, como todas las votaciones, nominal. Esto significa que el voto de cada legislador debería quedar registrado para que sus votantes (a quienes representan) puedan evaluar su desempeño cuando éstos se presenten a reelecciones futuras.
2. Por otro lado, el ejemplo permitirá evaluar la disciplina partidaria, tema más propio de los politólogos que de los constitucionalistas, quienes de todas formas no tienen por que renunciar a analizar el tema desde un punto de vista normativo. En ese sentido, Artemio López se pregunta ciertas cuestiones relativas a las bondades y/o maldades de la disciplina partidaria y el Criador, muy presidencialista él, las responde (por acá diríamos que la disciplina partidaria tiene aspectos buenos y malos; pero como esta planteado el tema, el aspecto negativo es fuerte: la disciplina del oficialismo eliminaría la posibildad de debatir en forma abierta el asunto).
[La foto es de un paper de Mark Jones al que llegué gracias a Aureliano que habla sobre la disciplina partidaria en la Argentina. Lo tengo para leer ni bien el tiempo lo permita]
3. Estos dos temas se relacionan con la cuestión de la representatividad política de los respresentantes del pueblo. En un sistema de circunscripciones uninominales como el que existe en los Estados Unidos, una medida como la que se busca tomar, que pone en cuestión aspectos fundamentales del federalismo, no pasaría nunca.
Si ese fuese el sistema argentino (no decimos que deba serlo), los representantes de las provincias agropecuarias seguramente estarían con el campo, al menos si pretenden seguir teniendo carreras políticas vigorosas). En un sistema de representación proporcional como el nuestro, los legisladores deberían enfrentar las quejas de sus representados.
Pero más miedo que chacareros memoriosos generan quienes tienen el poder de sacarlos de las listas partidarias en la próxima elección: el mazo de los capos del partido es más amenazante que las eventuales, hipotéticas y lejanas represalias de los votantes. Además, como no hay un sistema de tachas en las listas, el señalamiento individual de un legislador que busca su reelección y la correlativa accountability tienen relativa importancia.
[Nuestro hipotético estudio de campo buscaría fondos para seguir el tema en la elección de legisladores de 2009, en base a cómo voto cada legislador].
Como deciámos antes, ojalá que el escenario que se plantee sea el de una deliberación profunda que permita llegar a cierto consenso en torno a la política agropecuaria. Puede ser una confianza medio tonta, pero creemos que el diálogo sirve para esos fines loables.
'Hablando se entiende la gente', que le dicen.
Etiquetas: Política, Teoría Constitucional
La decisión de la presidente Cristina Fernández de enviar el tema de las retenciones al Congreso parece darle al Gobierno un poco del aire que necesitaba. Desde todos los sectores se reclamaba diálogo. Que en el Congreso se debata en forma amplia, abierta y de cara a la sociedad estos asuntos parece auspicioso.
Ya veremos si el Congreso sirve como órgano deliberativo o si, por el contrario, la disciplina partidaria hace de él un mero (pero legítimo) trámite de la mayoría. Sería deseable que la discusión sea franca y amplia y que lleve un tiempo considerable, en el que se puedan sopesar argumentos, evaluar escenarios y estudiar perspectivas. La verdad es que para ser completa la cosa, se debería suspender de alguna manera la resolución del Ministerio de Economía que generó todo
(Martincito, que quilombo que armaste querido... ¿Que tal anda el boulevard Saint-Germain?)
Pero sería pedir demasiado, me temo. Lo cierto es que para que se de el diálogo, es necesario terminar con las medidas de fuerza, parece ser lo que corresponde. Lo que no se podrá hacer es obligar a los productores a comercializar granos, pero como éstos no son de consumo interno, no afecta más que a las cuentas fiscales. Y como hay superávit acumulado, todo liso, ¿verdad?
Así que parece que hay una luz al final del túnel. Que esto haya durado casi cien días, es algo que le compete explicar a los apologistas del Gobierno. Yo lo atribuyo a una incapacidad que me sorprendió en mi buena fe, que querés que te diga.
Si la intervención del Congreso solo se limita a ratificar sin más la resolución de Martincito, me temo que estamos al horno con papas y cebollas. Y demostraría, como dice Gargarella, que el presidencialismo (incluido, oh, al Congreso) sirve poco para resolver problemas como este.
Por último, Alberto Bovino habla sobre el principio de legalidad y las retenciones. Dice Alberto:
Ya veremos si el Congreso sirve como órgano deliberativo o si, por el contrario, la disciplina partidaria hace de él un mero (pero legítimo) trámite de la mayoría. Sería deseable que la discusión sea franca y amplia y que lleve un tiempo considerable, en el que se puedan sopesar argumentos, evaluar escenarios y estudiar perspectivas. La verdad es que para ser completa la cosa, se debería suspender de alguna manera la resolución del Ministerio de Economía que generó todo
(Martincito, que quilombo que armaste querido... ¿Que tal anda el boulevard Saint-Germain?)
Pero sería pedir demasiado, me temo. Lo cierto es que para que se de el diálogo, es necesario terminar con las medidas de fuerza, parece ser lo que corresponde. Lo que no se podrá hacer es obligar a los productores a comercializar granos, pero como éstos no son de consumo interno, no afecta más que a las cuentas fiscales. Y como hay superávit acumulado, todo liso, ¿verdad?
Así que parece que hay una luz al final del túnel. Que esto haya durado casi cien días, es algo que le compete explicar a los apologistas del Gobierno. Yo lo atribuyo a una incapacidad que me sorprendió en mi buena fe, que querés que te diga.
Si la intervención del Congreso solo se limita a ratificar sin más la resolución de Martincito, me temo que estamos al horno con papas y cebollas. Y demostraría, como dice Gargarella, que el presidencialismo (incluido, oh, al Congreso) sirve poco para resolver problemas como este.
Por último, Alberto Bovino habla sobre el principio de legalidad y las retenciones. Dice Alberto:
"Si en una acción judicial yo planteo la inconstitucionalidad del actual sistema de retenciones por violación al principio de legalidad, ello no sólo sería compatible con nuestra doctrina y jurisprudencia constitucional en la materia, sino, además y especialmente, con la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derecho Humanos".
Etiquetas: Política
Un par de anotaciones de un anochecer de un día más que agitado.
1. En la Plaza de Mayo de D'Elía, un cartel separaba a él de otro que ahora se me escapa el nombre.
De los creadores de 'Cinco por uno, no va a quedar ninguno' o 'Al enemigo, ni justicia', llega estas vacaciones de invierno a todas las salas: 'O comemos carne de vaca, o comemos carne de gorilas'. Nice...
2. Dice un comentador en el blog Artepolítica.
¿El Gobierno se maneja como una estancia? Noo... ¿en serio? ¿Por lo menos sabemos quién es el patron? Doble nice...
Y alguien dijo por estos días: "Yo sabía que tenían dos caras, que estaban robando a cuatro manos, que promueven un capitalismo de amigos con nula redistribución en serio. Lo que no sabía era que eran incapaces".
Hasta domani.
1. En la Plaza de Mayo de D'Elía, un cartel separaba a él de otro que ahora se me escapa el nombre.
De los creadores de 'Cinco por uno, no va a quedar ninguno' o 'Al enemigo, ni justicia', llega estas vacaciones de invierno a todas las salas: 'O comemos carne de vaca, o comemos carne de gorilas'. Nice...
2. Dice un comentador en el blog Artepolítica.
"No es por la democracia ni por salvar el presupuesto nacional esta pelea, es que el patrón de la estancia se abusó y se le rebelaron los peones. Y hay que demostrar autoridad".
¿El Gobierno se maneja como una estancia? Noo... ¿en serio? ¿Por lo menos sabemos quién es el patron? Doble nice...
Y alguien dijo por estos días: "Yo sabía que tenían dos caras, que estaban robando a cuatro manos, que promueven un capitalismo de amigos con nula redistribución en serio. Lo que no sabía era que eran incapaces".
Hasta domani.
Etiquetas: Política
Es lo que decían cuando lo detenían a De Angeli. Seguramente, algún oligarca descendiente de ingleses, educado en Oxford, con su pantalón de hound hunting y los pura sangre en los corrales.
Etiquetas: Política
Curiosa concepción de democracia tienen algunos. Por ejemplo, el bueno de Mempo Giardinelli, que dice que algunos actores del conflicto campo - gobierno "generan desaliento, liman la confianza en las instituciones, instalan la idea de caos, descontrol y 'desgobierno' Todo eso que antaño precedía a los golpes militares". Dice (el bueno de Mempo) que...
Curiosa concepción de democracia que también se explicita en la barroca (y pretenciosa --ay, González) carta de los intelectuales K que publicó hace poco Página/12. Esa carta habla de "clima destituyente". Y dice.
Y leyendo Crítica de ayer me enteré que Hebe de Bonafini pidió judicialmente que metan presos a los dirigentes del campo por "terroristas".
Uff...
¿Será que nací en la dictadura pero no tengo recuerdos de ella? ¿Que los fantamas de los golpes de Estado son eso, fantasmas de generaciones pasadas en los que no creo? ¿Y que no creo porque son fantasmas de genereciones que crecieron sin ver nunca (y lamento el sentido literal de la palabra) una democracia en funcionamiento sin contrapoderes al acecho?
Yo nací en 1980, y mis recuerdos son todos posteriores a diciembre de 1983. Todos toditos: será función de psicólogos especializados en el desarrollo cognitivo de los infantes explicar tan arbitrario hecho.
Recuerdo salir a festejar la victoria en México '86, pero no me acuerdo de ningún partido. Y me acuerdo de ver a Aldo Rico por televisión y saber que los hombres de caras pintadas eran malos. No me acuerdo de la plaza del 87' en apoyo de la democracia, pero allí estuve (en los hombros de mi padre). Me acuerdo de la toma de La Tablada y de los tanques. Y de pensar que, esa vez, los hombres de verde eran los buenos. Me acuerdo también de los tiros en Plaza Colón y de los periodistas en el suelo.
Esas eran amenazas a la democracia, mis amenazas a la democracia. Si buscan en mis recuerdos climas destituyentes, desaliento y hechos que preceden a los golpes militares, es eso lo que encontrarán.
Pero también me acuerdo de innumerables protestas. Contra la ley de Educación Superior. Me acuerdo de Norma Plá y las protestas de los miércoles de los jubilados (y como la policía les pegaba). Me acuerdo de las protestas de los petroleros de Salta y Neuquén, cuando la regalada de YPF empezó a rendir sus frutos. Me acuerdo incluso de los primeros piquetes. Y me acuerdo de primerísima mano al Buenos Aires del 19 de diciembre de 2001, y las columnas de gente en bermudas que iban hacia el centro y prendían fuegos en cada esquina, como si marcaran alguna especie de camino.
Las barricadas cortan calles pero abren caminos, decían los estudiantes parisinos hace cuarenta años.
Nunca creí, sin embargo, y a pesar de lo que siempre dicen los panfletistas de la calma y la unanimidad, que esas protestas fueran una amenaza a la democracia. Por el contrario, creí que era expresión cabal de un sistema en el que la gente está dispuesta a salir a pelear por sus derechos groseramente violados, a reclamar ante una situación injusta la atención del Estado y el cumplimiento de sus deberes más elementales. Esa es la democracia que estudié y en la que vivi durante los últimos 25 años. Y es la democracia que me acuerdo.
Pero pueden ser desvaríos de un pelotudo con bloc que no goza de la sabiduría de las iluminadas generaciones que crecieron con la bota sostenida siempre sobre sus cabezas. En una de esas, quien sabe, estamos a la vera de otro golpe de estado.
El tiempo, como siempre, dirá.
Por ahora, me basta con desconfiar de quienes temen a los que gritan y patalean por algo que estiman injusto. Aunque sea un impuestito de mierda.
__________________________________________________
Actualización: Oia... Justo hoy (viernes, 11 am) Martín Böhmer celebra el conflicto y dice cosas como estas.
Sorry que te diga.
"En entusiasta coro anuncian que se acabó el crecimiento; que la inflación nos fagocita; que la economía se desmorona; que las encuestas 'muestran' el desprecio popular hacia los K y así siguiendo".
Curiosa concepción de democracia que también se explicita en la barroca (y pretenciosa --ay, González) carta de los intelectuales K que publicó hace poco Página/12. Esa carta habla de "clima destituyente". Y dice.
'Clima destituyente' hemos dicho para nombrar los embates generalizados contra formas legítimas de la política gubernamental y contra las investiduras de todo tipo. Una mezcla de irresponsabilidad y de milenarismo de ocasión sustituyó la confianza colectiva.
Y leyendo Crítica de ayer me enteré que Hebe de Bonafini pidió judicialmente que metan presos a los dirigentes del campo por "terroristas".
Uff...
¿Será que nací en la dictadura pero no tengo recuerdos de ella? ¿Que los fantamas de los golpes de Estado son eso, fantasmas de generaciones pasadas en los que no creo? ¿Y que no creo porque son fantasmas de genereciones que crecieron sin ver nunca (y lamento el sentido literal de la palabra) una democracia en funcionamiento sin contrapoderes al acecho?
Yo nací en 1980, y mis recuerdos son todos posteriores a diciembre de 1983. Todos toditos: será función de psicólogos especializados en el desarrollo cognitivo de los infantes explicar tan arbitrario hecho.
Recuerdo salir a festejar la victoria en México '86, pero no me acuerdo de ningún partido. Y me acuerdo de ver a Aldo Rico por televisión y saber que los hombres de caras pintadas eran malos. No me acuerdo de la plaza del 87' en apoyo de la democracia, pero allí estuve (en los hombros de mi padre). Me acuerdo de la toma de La Tablada y de los tanques. Y de pensar que, esa vez, los hombres de verde eran los buenos. Me acuerdo también de los tiros en Plaza Colón y de los periodistas en el suelo.
Esas eran amenazas a la democracia, mis amenazas a la democracia. Si buscan en mis recuerdos climas destituyentes, desaliento y hechos que preceden a los golpes militares, es eso lo que encontrarán.
Pero también me acuerdo de innumerables protestas. Contra la ley de Educación Superior. Me acuerdo de Norma Plá y las protestas de los miércoles de los jubilados (y como la policía les pegaba). Me acuerdo de las protestas de los petroleros de Salta y Neuquén, cuando la regalada de YPF empezó a rendir sus frutos. Me acuerdo incluso de los primeros piquetes. Y me acuerdo de primerísima mano al Buenos Aires del 19 de diciembre de 2001, y las columnas de gente en bermudas que iban hacia el centro y prendían fuegos en cada esquina, como si marcaran alguna especie de camino.
Las barricadas cortan calles pero abren caminos, decían los estudiantes parisinos hace cuarenta años.
Nunca creí, sin embargo, y a pesar de lo que siempre dicen los panfletistas de la calma y la unanimidad, que esas protestas fueran una amenaza a la democracia. Por el contrario, creí que era expresión cabal de un sistema en el que la gente está dispuesta a salir a pelear por sus derechos groseramente violados, a reclamar ante una situación injusta la atención del Estado y el cumplimiento de sus deberes más elementales. Esa es la democracia que estudié y en la que vivi durante los últimos 25 años. Y es la democracia que me acuerdo.
Pero pueden ser desvaríos de un pelotudo con bloc que no goza de la sabiduría de las iluminadas generaciones que crecieron con la bota sostenida siempre sobre sus cabezas. En una de esas, quien sabe, estamos a la vera de otro golpe de estado.
El tiempo, como siempre, dirá.
Por ahora, me basta con desconfiar de quienes temen a los que gritan y patalean por algo que estiman injusto. Aunque sea un impuestito de mierda.
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Actualización: Oia... Justo hoy (viernes, 11 am) Martín Böhmer celebra el conflicto y dice cosas como estas.
La democracia está basada en la idea de conflicto. Porque el conflicto es inevitable es que creamos democracia como la forma moderna de manejarlo, encauzarlo, aprovecharlo. La democracia constitucional, la idea de la deliberación mayoritaria basada en la capacidad igual de ser parte de ella, celebra el conflicto en la medida en que de él surge la oportunidad de la deliberación, es decir, de la expresión de puntos de vista que tratan de ser la última voz (siempre provisional) en la discusión.
Sorry que te diga.
Los llamados al diálogo en el conflicto del campo no paran. Desde la Iglesia hasta Miguel Bonasso parecen entender que es necesario crear instancias de discusión para resolver el problema, y las dos partes del conflicto tienen que demostrar estar dispuestas a sentarse a hablar y a resolver el problema.
Es interesante la intervención del Defensor del Pueblo de la Nación en este asunto. Ante la falta evidente de diálogo, desde este organismo creado por la Constitución llamaron al diálogo, una intervención novedosa que cumple con el rol que muchos exigen a la Corte Suprema y a los jueces: un rol intermediador que facilite la deliberación y discusión de los asuntos públicos.
Pero como desde el Ejecutivo se la bancan, decidieron no ir a la audiencia convocada por la Defensoría. Y éste advirtió que deben ir, y en caso de no hacerlo, deben fundamentarlo. Da toda la impresión de que no todos quieren que el conflicto se solucione.
Actualización: Hoy en Crítica hay un interesante debate entre Artemio López, Agustín Rossi, María Eugenia Estenssoro, Torcuato Di Tella, Juan Carr... y siguen las firmas. Algo del diálogo que se reclama.
Es interesante la intervención del Defensor del Pueblo de la Nación en este asunto. Ante la falta evidente de diálogo, desde este organismo creado por la Constitución llamaron al diálogo, una intervención novedosa que cumple con el rol que muchos exigen a la Corte Suprema y a los jueces: un rol intermediador que facilite la deliberación y discusión de los asuntos públicos.
Pero como desde el Ejecutivo se la bancan, decidieron no ir a la audiencia convocada por la Defensoría. Y éste advirtió que deben ir, y en caso de no hacerlo, deben fundamentarlo. Da toda la impresión de que no todos quieren que el conflicto se solucione.
Actualización: Hoy en Crítica hay un interesante debate entre Artemio López, Agustín Rossi, María Eugenia Estenssoro, Torcuato Di Tella, Juan Carr... y siguen las firmas. Algo del diálogo que se reclama.
Etiquetas: Política
Ni neoliberalismo ni populismo caudillista, la salida de América Latina se encuentra en una política socialdemócrata que fortalezca el Estado de derecho, base imprescindible de todo desarrollo económico y social.
Ignacio Sotelo, en El País de hoy.
Etiquetas: Democracia, Política
La perspectiva de que un hombre afrodescendiente sea presidente de los Estados Unidos es muy emocionante, particularmente para todos aquellos a quienes nos interesa el movimiento de lucha por los derechos civiles desarrollado en los Estados Unidos en la década de 1960, fundamentalmente. Ahora que se bajó Hillary (cuyo plan de salud de este lado del mundo preferíamos, sin ningún tipo de interés particular en el mismo), esta posibilidad parece cada vez más cerca. Bienvenido sea.
Dos anotaciones dos que suman a lo que decíamos en la entrada anterior. Dice Orlando Molaro en Crítica de hoy.
Y dice Eduardo de la Serna en Página/12.
Entre la gritería de voceros poco preparados, muchos han confundido –en ambos rincones– una estrategia de comunicación que podría haber otorgado una salida a la crisis, por acciones efectistas, sin contenido y para una tribuna que disfruta –en muchos casos– “el golpe por golpe” del legendario Osvaldo Principi. Han aislado a la única persona que podría ejercer la autoridad por la que fue investida, y la han reemplazado por líderes populistas, con demasiado apego a los micrófonos, o políticos y sindicalistas impresentables, que sólo aplican sal en las lesiones abiertas. La verdad sea dicha: no es lo mismo sentarse a conversar que comunicarse.
Y dice Eduardo de la Serna en Página/12.
El problema hoy es político. Por un lado, creo que tenemos un gobierno con muy poca capacidad de diálogo, que suele ver a los que piensan diferente como adversarios y a veces hasta como enemigos. Esto se ha manifestado en decenas de momentos: desde las relaciones con la hermana República Oriental del Uruguay, las relaciones con la jerarquía eclesiástica, y ahora en el desencuentro con un sector poderoso del campo. Eso no significa que se deba estar de acuerdo. El diálogo no se mantiene con los que están de acuerdo con uno; en ese caso se parecería más a un soliloquio. Pero, por otro lado, por supuesto que quienes dicen que “la cosa es ganar o ganar”, o “el problema son los Kirchner” no manifiestan ninguna disposición al diálogo. Eso tampoco significa actitud de “bajar la cabeza”.
Etiquetas: Política
La bolilla era una de las dos en las que se estudia el Poder Legislativo. Los que mandan en la cátedra me pidieron que resalte la idea de que el Congreso es el ámbito más representativo de la democracia y que no tiene la facultad de dictar leyes por un capricho histórico o constitucional sino que hay razones profundas para que esto así sea.
Decidí encarar la cuestión desde el punto de vista de Nino y su Constitución de la democracia deliberativa. Y hablamos de representatividad como mal menor (ante el supuesto de que el derecho, para ser válido, requiere que quienes se vean afectados por las normas tengan participación en la creación de la misma). Y hablamos no sólo de representatividad, sino de debate, deliberación y argumentación. Entonces nos fuimos al conflicto del campo y pedí voces a favor y en contra de las retenciones, para diferenciar argumentos normativos (de distinto tipo) de los simples argumentos basados en intereses (nadie dio este tipo de argumentos, como se esperaba; y hubo un sólo estudiante pro Gobierno).
Es que el tema del campo es útil para analizar estas cuestiones. Se supone que cuando las partes se sientan a una mesa de diálogo, se proponen distintos argumentos para sustentar distintas posiciones. Probablemente, muchos de esos argumentos sean normativos puros y otros del tipo de esos que en realidad esconden intereses. Pero el diálogo, además, se da en un marco en el que las partes tienen medidas de acción directa a disposición, y las utilizan, ya sea en forma efectiva o en forma de amenaza.
En este juego de argumentos y amenazas se da la deliberación efectiva sobre este conflicto. A esto se suma el hecho de que la discusión se lleva a cabo en dos ámbitos distintos: las mesas que comparten --con intermitencias- las dos partes del conflicto y el escenario mediático, a través de manifestaciones públicas y colectivas de los sectores, dónde también se dan argumentos normativos pero son básicamente demostraciones de fuerza que sirven para sustentar la credibilidad de las amenazas (y a veces son el cumplimiento de la amenaza misma).
Pero hay un hecho que llama la atención, y es la descalificación del carácter de interlocutor válido del otro que se dio en los últimos tiempos. Después del acto de Rosario del ultimo 25 de mayo, el Gobierno decidió suspender una reunión prevista para el día posterior porque durante el acto se había afectado la investidura presidencial y se había faltado el respeto a la Presidenta.
Suponiendo que sea cierto, ¿eso justifica negarle al otro el carácter de interlocutor? Como argumento normativo, es equivocado: la expresión pública de descontento es uno de los derechos más básicos de un sistema democrático y los funcionarios públicos deben ser absolutamente tolerantes con los disensos, incluso con los más duros y ásperos, que suelen ser los que más molestan. Sobre esto se ha dicho mucho y mejor que lo que podemos decir aquí.
Esa negación de interlocución es expuesta magistralmente por el politólogo de la UBA Agustín Calcagno en una nota de Página/12 de hoy. La estrategia consiste en colocar al discurso 'del campo' afuera de la democracia. Los motes de golpistas y desestabilizadores van por ese lado. Esta protesta contra el Gobierno es atentar contra la República. Para Calcagno, la posición de 'los ruralistas' es intolerable en una democracia.
El autor recurre al viejo y anacrónico artículo 22 de la Constitución Nacional, que establece que “toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de éste comete delito de sedición”. Podríamos decir que es el mismo argumento que la derecha usaba para cuestionar a los movimientos piqueteros (creo que una vez lo escuché a Eduardo Feinmann decir algo parecido), pero sería un argumento ad hominem y Nino nos sacaría a patadas si lo usáramos. Basta decir que la interpretación que Calcagno parece hacer de este artículo se da de bruces con el artículo 14 y 32 de la Constitución y el artículo 13 de la Convención Americana de Derechos Humanos. Porque Calcago dice lo siguiente.
"Las entidades que representan a las pequeñas, medianas y grandes empresas agropecuarias están convirtiendo un reclamo sectorial en un abierto desafío a la Constitución Nacional. En primera instancia al arrogarse para sí el derecho de representación política y pretender tomar decisiones para las cuales existen autoridades pertinentes, ya que 'el gobierno federal provee a los gastos de la Nación con los fondos del Tesoro Nacional, formado (entre otros elementos) del producto de derechos de importación y exportación'".
Decir que el Gobierno tiene facultad para tomar una decisión y decir que todos los afectados por la misma deben aceptarla es un argumento demasiado pobre como para ser considerado seriamente. Desde este punto de vista, la desobediencia civil contra medidas injustas es injustificable. Por otro lado, si a esto le agregamos la forma en que se tomó la decisión que desató el conflicto (una excesivamente unilateral resolución ministerial), el argumento del derecho válido sobre el que descansa la tesis de Calcagno se cae, o al menos puede ser cuestionado desde el punto de vista de validez del derecho que mencionábamos al principio.
El artículo sigue con una serie de consideraciones tribuneras (compara a los líderes de la protesta con una junta militar) y culmina con un ominoso llamado a no tolerar esta protesta.
Cabe reflexionar sobre esta estrategia gubernamental. ¿Esconde este tipo de argumentación normativa legal una velada amenaza que forma parte de la discusión colectiva que se desarrolla sobre el asunto? ¿El llamado a no tolerar la protesta es en realidad una amenaza de un interlocutor de la discusión de utilizar el poder represivo del Estado que legítimamente dirige? ¿O realmente Calcagno cree de buena fe en el argumento normativo que da?
Si se trata de un argumento normativo que busca romper el diálogo, se contradice con el argumento normativo a favor del diálogo como valor fundamental del sistema democrático. Y tenemos que definir, normativamente, cual de los dos argumentos es válido. Argumentaría a favor el mío diciendo que en una democracia, hasta el discurso que llama a destruirla debe ser respetado. Y no sólo debe ser respetado, sino que debe ser considerado y debatido. Por suerte, no es el caso del discurso agrario, excepto en febriles elucubraciones ministeriales.
Si el argumento es, por el contrario, una amenaza, poco suma.
Porque resulta evidente es que este conflicto está más necesitado de argumentos y de diálogo que de ese tipo de demostraciones de fuerza de uno u otro lado, que en última instancia se reducen a ver quien la tiene más grande que quien. Lo que no es muy sano que digamos.
Etiquetas: Política, Teoría Constitucional
Recorrida nocturna por los programas políticos del domingo a la noche.
En lo de Mariano (je), se debate el ya famoso Observatorio de Medios. Del lado del Gobierno, dos tipos audaces: Juan Carlos Dante Gullo y Fernando Braga Menendez. Del de la oposición, la Piba Patricia Bullrich y Jorge Macri.
El team gubernamental, en su defensa del Observatorio, se mandó con tres perlitas.
1. Braga Menendez se quejó de la tapa de La Nación que denunció que el según el FBI, la plata del gordito venezolano era para la campaña de Cristina. Dijo: 'Supuestamente, los Gobiernos tienen una luna de miel con los medios. Esta fue la tapa de La Nación de unos días después. ¿Cómo puede ser que pongan esto en tapa?'. Yo diría: ¿cómo puede ser que NO lo pongan en tapa?
2. Gullo se quejó de que Van der Kooy (le dijo Morales Solá, pero no importa) y Julio Blanck lleven a su programa de TV a la 'doctora' (sic) Carrió a despotricar contra el Gobierno. '¿Cómo puede ser que hagan eso?', se preguntó. No, claro Dante, es la que salio segunda en las elecciones presidenciales, ¿cómo la van a invitar a un programa político? Ah, Gullo en un momento recordó el famoso Braden o Perón (daría risa si no fuera triste).
3. Braga Menendez se quejó que mientras se transmitía el discurso de la Presidente, la pantalla estaba dividida y del otro lado se mostraba 'campesinos'. Estamos en todas, muchachos. ¿Para cuando una crítica semiótica al videograph?
4. Braga Menendez se quejó de que los medios no pidieran 'disculpas' por la cobertura que hicieron del conflicto docente en Santa Cruz, dónde después la Presidente ganó con el setenta por ciento de los votos.
Con estas clases de defensores, el Gobierno no necesita críticos: se entierra solito.
Ah, Bullrich pidió ley de acceso a la información, ley de publicidad oficial, ley de comunicación (dijo que la radiodifusión ya se queda corto como concepto) y ley de medios públicos no gubernamentales. Nadie dijo nada.
Pasamos ahora al tema Patti y al programa de Luisito Majul. Juan Cabandié entendió que no debe asumir porque cometió delitos de lesa humanidad. Concedido. El hecho de que no esté condenado no parece importar demasiado en todo el debate. ¿Soy yo o a Patti se le está aplicando la lógica del algo habrá hecho? Algo habrá hecho.
Gelblung, que estaba de invitado, se preguntó: ¿por qué si la Corte a mi me dice que tengo que hacer algo lo tengo que cumplir y los diputados no?
A ver si entendemos esto: Gelblung, la voz de la razón.
Estamos en el horno.
Chau, me voy a ver a River.
En lo de Mariano (je), se debate el ya famoso Observatorio de Medios. Del lado del Gobierno, dos tipos audaces: Juan Carlos Dante Gullo y Fernando Braga Menendez. Del de la oposición, la Piba Patricia Bullrich y Jorge Macri.
El team gubernamental, en su defensa del Observatorio, se mandó con tres perlitas.
1. Braga Menendez se quejó de la tapa de La Nación que denunció que el según el FBI, la plata del gordito venezolano era para la campaña de Cristina. Dijo: 'Supuestamente, los Gobiernos tienen una luna de miel con los medios. Esta fue la tapa de La Nación de unos días después. ¿Cómo puede ser que pongan esto en tapa?'. Yo diría: ¿cómo puede ser que NO lo pongan en tapa?
2. Gullo se quejó de que Van der Kooy (le dijo Morales Solá, pero no importa) y Julio Blanck lleven a su programa de TV a la 'doctora' (sic) Carrió a despotricar contra el Gobierno. '¿Cómo puede ser que hagan eso?', se preguntó. No, claro Dante, es la que salio segunda en las elecciones presidenciales, ¿cómo la van a invitar a un programa político? Ah, Gullo en un momento recordó el famoso Braden o Perón (daría risa si no fuera triste).
3. Braga Menendez se quejó que mientras se transmitía el discurso de la Presidente, la pantalla estaba dividida y del otro lado se mostraba 'campesinos'. Estamos en todas, muchachos. ¿Para cuando una crítica semiótica al videograph?
4. Braga Menendez se quejó de que los medios no pidieran 'disculpas' por la cobertura que hicieron del conflicto docente en Santa Cruz, dónde después la Presidente ganó con el setenta por ciento de los votos.
Con estas clases de defensores, el Gobierno no necesita críticos: se entierra solito.
Ah, Bullrich pidió ley de acceso a la información, ley de publicidad oficial, ley de comunicación (dijo que la radiodifusión ya se queda corto como concepto) y ley de medios públicos no gubernamentales. Nadie dijo nada.
Pasamos ahora al tema Patti y al programa de Luisito Majul. Juan Cabandié entendió que no debe asumir porque cometió delitos de lesa humanidad. Concedido. El hecho de que no esté condenado no parece importar demasiado en todo el debate. ¿Soy yo o a Patti se le está aplicando la lógica del algo habrá hecho? Algo habrá hecho.
Gelblung, que estaba de invitado, se preguntó: ¿por qué si la Corte a mi me dice que tengo que hacer algo lo tengo que cumplir y los diputados no?
A ver si entendemos esto: Gelblung, la voz de la razón.
Estamos en el horno.
Chau, me voy a ver a River.
Etiquetas: Política
Los Simpsons es uno de mis programas de TV favoritos. Distan de tener las críticas más mordaces y el humor más molesto, pero son buenos. En su momento, fueron revolucionarios. Para humor más de frontera me quedo con South Park o Lil' Bush.
A escasas horas de que Chávez decidiera reemplazar el show de la familia amarilla por Baywatch, Los Simpsons salieron en un capítulo que generará polémica por estas pampas: uno de los personajes (Carl, que en un capítulo habla mucho, hiere a todo el mundo, y después dice mirando a 'cámara': '¿Ven por qué yo nunca hablo?') dice que Peron, cuando 'te desaparecía, te mantenía desaparecido'. Lo califica de dictador y dice que su esposa era Madonna.
¿Para cuando los carteles de No jodan con Perón en las calles de Springfield?
El riesgo de apoyar ciegamente una causa es apoyar ciegamente una causa. Así es como hay tipos honestos y equivocados y señoras o muy equivocadas o directamente deshonestas. En Crítica le pasan factura a la señora en cuestión por ser 'escriba oficial'. Es que el riesgo de defender lo indefendible es, justamente, defender lo indefendible. El resto de la nota, impresionante.
Etiquetas: Periodismo, Política
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